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Cuando la revolución se extendió por Siria en marzo de 2011, pocos podían esperar que manifestaciones pacíficas fueran reprimidas con bombardeos aéreos, armas químicas y una cuidada estrategia para fomentar el odio sectario que avivó las diferencias religiosas consagrando al país al conflicto civil y haciendo de Siria un tablero de juegos para el mundo.

Conscientes de la dimensión del problema, Javier Espinosa y Mónica G. Prieto cubrieron desde los primeros días los entresijos de la tragedia, cruzando ilegalmente fronteras y exponiéndose a la salvaje represión del régimen de El Asad hasta que el extremismo devoró la revolución y el secuestro de uno de ellos, a manos del ISIS, elevó hasta lo insoportable su nivel de implicación.

Siria, el país de las almas rotas.

La invasión ilegal de Bagdad en 2003 y el desgobierno posterior levantó a la población de Irak en armas, pero también resucitó el odio sectario que había permanecido enterrado durante la dictadura de Sadam Hussein. El ascenso al poder de la mayoría chií, reprimida por la minoría suní durante décadas, y la impunidad de los ocupantes alimentó la aparición de una insurgencia nacionalista que en su lucha contra las fuerzas extranjeras se alió con los yihadistas, más proclives a sembrar el terror con atentados suicidas y secuestros que a combatir los soldados de la alianza liderada por EEUU, en la que participó España.

El auge de los radicales liderados por el jordano Abu Musab al Zarqaui impuso un califato del terror en amplias regiones del país, y terminaría exportando su agenda a todo el mundo.

La semilla del odio. Ed. Debate

 

Cada mesa, un Vietnam
(Varios autores. Edición de
Enric González)
Todas, crónicas de la violencia contra las mujeres
(Varias autoras)
Queremos saber
(Varios autores)
Contarlo para no olvidar. Mónica G. Prieto y Maruja Torres
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